Sobre el cuadro
Una metáfora de la humanidad compartida que habita en cada color, en cada mirada. La fusión entre las franjas que separan los rostros nos recuerda que todas somos parte del mismo todo. Elegí el rostro femenino por su fuerza expresiva y porque, como mujer, reconozco en él tanto la vulnerabilidad como la resistencia que define nuestra historia.
